Los sonidos que vibran forman patrones y crean campos energéticos de resonancia y movimiento en el espacio que los rodea. Nosotros absorbemos estas energías, y estas sutilmente alteran nuestro aliento, nuestro pulso, nuestra presión sanguínea, tensión muscular, temperatura de la piel y otros ritmos internos. Imaginemos, entonces, qué efectos pueden tener los sonidos en las células, los tejidos y órganos que son tan delicados. Una elaborada investigación ha demostrado que, aun cuando una persona no esté consciente -por estar dormida o anestesiada - ,sigue escuchando. El pasaje auditivo, a diferencia de los demás sistemas sensoriales, posee un revelador extra, las fibras auditivas no son afectadas por la anestesia. De modo que siguen transmitiendo el sonido, dicho simplemente: nunca dejamos de escuchar y no es necesaria nuestra participación conscienteActualmente sabemos que los efectos de la música dependen de la frecuencia de los sonidos y de su ritmo. Sabemos que las frecuencias bajas repercuten mecánicamente sobre la caja torácica, mientras que los sonidos agudos facilitan la contracción voluntaria de los músculos. Las melodías lineales de baja frecuencia generan estados de relajación.
El Poder de la Música
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Quince pasos para tu crecimiento interior
Publicado años atrás en capítulos
por un medio gráfico argentino,
ahora están integrados estos consejos
en un pequeño libro que ha ayudado ya
a cientos de personas en momentos difíciles.
La sabiduría de pensadores tradicionales
puesta a tu alcance
para que puedas superar esa sensación
que te agobia por estos días.
DEL AUTOR AL LECTOR
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